miércoles, 30 de enero de 2019

No lo cambio por nada.

Muy sabiamente decía la Madre Teresa de Calcuta: "No juegues con tu Vocación, porque cuando quieras preservarla te faltará el Valor para ello".
Toma tu Biblia y lee: Gn 25,29-34.
Seguramente te preguntarás de dónde salen Esaú y Jacob. Te explico: cuando Abrahám envejeció y murió Sara, envió a su mayordomo a su país, para que le buscara una esposa para Isaac. El mayordomo fue, oró y conoció a Rebeca, que se convirtió en esposa de Isaac. Un tiempo después quedó embarazada de mellizos: Esaú y Jacob, nietos de Abrahám.
Esaú fue el primero en salir del vientre de Rebeca, por eso se lo consideró el mayor.
Cuando creció se entusiasmó por la caza, lo que le valió las complacencias de su padre. Jacob, por el contrario, disfrutaba de la casa y era el preferido de su madre.
En aquella época, el primogénito no solo heredaba las riquezas de su padre, también se le otorgaba un poder casi absoluto sobre los otros hermanos. De ahí que en una lectura sencilla podemos darnos cuenta de la loca decisión de Esaú de renunciar a sus derechos de primogénito.
Ahora me gustaría hacer un paralelismo entre este texto y la Vocación.
Los derechos de primogenitura pueden ser comparados con nuestro llamado. ¿Por qué? No por los privilegios que nos otorgue ante loa demás, sino porque es un Don que debemos cuidar. Esaú llega cansado y hambriento del campo, y es capaz de cualquier cosa con tal de satisfacer sus necesidades.
La conducta de Esaú puede ser la nuestra. Recibimos de Dios el Don Maravilloso de la Vocación. Lo acogemos tímidamente, no sabemos cómo responder, incluso dudamos de su veracidad, tratando de autoconvencernos de que fue sólo una ilusión.
Y cuando surgen las necesidades (las dificultades que todos podemos tener) si no cuidamos celosamente nuestra Vocación podemos llegar a traicionarla.
¿Cómo? Haciendo aquello que sabemos que Dios no quiere que hagamos, desde dejar de asistir a la Misa diaria hasta encapricharnos por seguir de novios, aún cuando sabemos muy bien que la Voluntad de Dios sobre nosotros es otra.
También podemos empezar a jugar con nuestra Vocación, en el sentido de aplazar deliberadamente nuestra respuesta al Señor con infinidad de excusas. ¡Ojo! Cuando queramos responder tal vez sea tarde...
Pero la Misericordia y el Amor de Dios no tienen límites. Si sentiste el llamado de Dios pero no decidiste qué camino seguir, te invito a confiar en Dios y escuchar tu corazón, porque nuestros sueños más profundos vienen de Dios.
Y si sentiste el llamado de Dios pero por diferentes razones no le respondiste ¡respóndele ahora! (si tienes menos de 90 años).
Te aseguro que tu Felicidad es posible. Anímate a ponerte en sus Manos.

*Propuesta:
                      ¡Lánzate sin miedo a responderle al Señor! Sólo procura cuidar tu Tesoro. Que seas Feliz con el Señor.



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