A partir de ahora, dedicaré unos artículos para reflexionar sobre Abrahám, este personaje maravilloso del Antiguo Testamento del que tanto podemos aprender. El Génesis dedica 13 capítulos de corrido para contar su historia, recordándolo durante toda la Biblia en varias oportunidades.
Toma tu Biblia y lee: Gn 12,1.
Tal vez te sorprenda que haya seleccionado un sólo versículo en esta oportunidad, pero te aseguro que tendremos para una profunda meditación.
En primer lugar ¿quién es Abrahám? Hasta el versículo citado, un hombre como todos, hijo de Terá (cfr Gn 11,26). Tiene 2 hermanos: Najor y Harán, éste último tuvo un hijo llamado Lot que quedó huérfano de padre. Abrám por su parte se casó con Saray, una mujer estéril (ten en cuenta todos estos datos).
Pues bien, un día como todos Dios le da una orden a Abram. Podemos imaginar la perplejidad de este hombre al escuchar la Voz de Dios, ya que, independientemente de la relación que Abrahám pudo haber tenido con Él ¡Dios le propone un desafío tremendo!
Como decía al principio de este blog, sucede de repente. Dios toma la iniciativa y llama a Abrán en un día común y corriente, y la Vida de este hombre cambia para siempre (incluso si le hubiese respondido que no).
El pedido es, ni más ni menos, dejar la Familia, para partir a una tierra desconocida. Antes de reflexionar sobre este punto, me gustaría hacer hincapié en lo que implica "dejar el país y los de tu raza". ¿Qué nos brinda una Nación (o debería)?
Sentido de pertenencia, como también dije antes, nos aporta grandes rasgos de nuestra identidad, nos da la sensación de seguridad, de que tenemos un lugar al cual volver luego de un viaje.
Nuestro país forma nuestras costumbres, nuestro idioma, nuestra Religión, nuestra manera de relacionarnos, nuestra forma de producir, etcétera.
Ahora imagínate por un momento abandonando tu país ¡alto desafío! Muy lindo, pero muy difícil. Actualmente con la tecnología se vuelve más sencillo, pero varios siglos antes de Cristo...
En efecto, Dios le dice a Abrán: "Deja tu país". Eso significa, considerando también la edad avanzada de Abrán, no volver nunca más. Abrán es invitado a abrir su corazón y su Vida ante gente que no conoce, dando testimonio también con su propia Vida del Dios a quien sirve, que lo ama y lo llama.
El Señor le especifica a Abrán que debe dejar a la Familia de su padre. Eso no es otra cosa más que juntar todo lo aprendido a lo largo de ma Vida familiar, y desde esa riqueza construir nuestra propia historia junto a Dios.
La Familia significa todo para el hombre: identidad, sentido de pertenencia, compañía, seguridad, apoyo, escuela de Valores. Sin embargo, cada uno de nosotros, de un modo especial aquellos que fuimos llamados a vivir una consagración especial, debemos dejar a la Familia de nuestro padre.
Al ponernos en camino para responder al Señor, debemos juntar toda la riqueza aprendida en Familia y emprender la marcha al lugar que Dios nos llama.
Es innegable que eso duele, pero se trata de una renuncia necesaria para poder responder a un Amor que es mucho más grande que nuestra Familia.
Esto no quiere decir que no debemos amar a nuestros padres, hermanos y amigos, por supuesto que debemos amarlos, pero antes nuestra prioridad debe ser cumplir con la Voluntad de Dios, porque en definitiva se trata de nuestra Felicidad, que sólo es posible si respondemos a aquello para lo que Dios nos llama.
Naturalmente esta decisión es libre, Dios no nos obligará a responderle, pero aún así, una vez que descubrimos cuál es el Proyecto que Dios pensó para nosotros, nuestra Vida nunca más será la misma.
El grado de renuncia a nuestra Familia, depende del compromiso que Dios nos pide: puede ser prácticamente total (Vida contemplativa), puede ser prolongado (Vida religiosa activa), o puede ser relativo y temporal (Vida de los seculares consagrados). La clave está en ir aprendiendo paulatinamente a poner la Voluntad de Dios por encima de todo y de todos.
Si aún sientes que el Amor por tu Familia es más fuerte que cualquier otra cosa en el mundo, no te decepciones con respecto a tu Vocación. Se trata de un proceso de madurez y de encontrar tu lugar en el mundo. Recuerda: Dios te soñó Feliz ya en este mundo, y por más locos que puedan parecer tus sueños, no dejes de perseguirlos, más allá de los apoyos que puedas recibir.
Una pequeña aclaración: a Dios no se le sigue por un camino de rosas, sácate esa idea de la cabeza. Una vez que decidiste responderle, tienes que estar dispuesta para lo más inesperado, porque el camino sólo llega a su fin con nuestra muerte.
Siempre habrá renuncias, siempre habrá aprendizajes, siempre terminar algo para empezar otra cosa, también encontrarás incomprensiones y humillaciones, pero el resultado final vale la pena ¿no crees?
*Propuesta:
Ahora que sabes que para seguir el camino de Dios es necesario que dejes tu Familia, te invito a que reflexiones sobre el tipo de renuncia que Él te está pidiendo ¿cuál es tu Respuesta?
