¿Qué tal quedó adornado tu Cielo? (Si no sabes de lo que hablo, te invito a leer mi post anterior).
Ahora te invito a seguir descubriendo más cosas sobre este Misterio de Amor.
Toma tu Biblia y lee: Gn 17,1.
Como ya viene siendo una costumbre mía, seleccioné un solo versículo para la meditación de hoy.
En esta ocasión, Dios le da un mandamiento a Abrahám: "Camina en mi Presencia y se perfecto" (Gn 17,1b). Siete palabras que involucran la Vida entera de una Persona. Siete palabras que invitan a un esfuerzo para toda la Vida. Siete palabras que pueden resumirse en dos: se santo.
Recuerda que: Nuestra Vocación es igual a nuestra Misión, que es igual a cumplir la Voluntad de Dios en nuestra Vida, eso da como resultado la santidad, que implica vivir ya el Cielo en la tierra, incluso aunque nos toque sufrir.
Ahora ¿cómo se alcanza la santidad? Naturalmente no todos llegamos a ser santos de la misma manera, porque todos somos diferentes. No creas que todos los Santos ya nacieron con la aureola en su cabeza. No. Todos los Santos tuvieron sus luchas exteriores e interiores, algunos incluso durante toda su Vida.
Algunos alcanzaron la santidad en el Matrimonio, otros en la Vida Consagrada, otros en el derramamiento de sangre por amar a Dios, otros fueron martirizados en su interior. Muchas santas tuvieron visible e invisiblemente los estigmas, otros tantos Santos el don de bilocación y otros dones maravillosos.
Verdaderamente hay Santos para todos los gustos, Carismas y profesiones.
Hay Santos muy serios y Santos muy alegres: San Benito y San Juan Bosco respectivamente. Hay Santos de origen indígena: San Juan Diego y Beato Ceferino Namuncurá. También hay mujeres que alcanzaron la Santidad como madres de Familia: Santa Mónica, Madre de San Agustín; Santa Margarita, Madre de Don Bosco; Santa Rita; Beata Catalina de María Rodriguez; Santa María Celia Guérin, Madre de Santa Teresita del Niño Jesús, Santa Juana Molla y un largo etcétera.
Sin embargo, el tema de hoy tiene que ver con tu santidad.
La santidad es el gran llamado que Dios nos hace a todos, sin excepción. Estamos llamados a ser santos originales, no copia. Ahora bien ¿cómo alcanzar tu santidad?
Más allá de que cada uno tiene su propio camino, hay medios que todos podemos y debemos aplicar para llegar a ser santos:
- Cumple con tu deber: no importa a qué te dediques ni cuántos años tengas. ¿Tienes padres vivos? Haz que se sientan orgullosos de ti. ¿Tienes hermanos y familiares? Haz todo lo posible para que sean felices. ¿Estudias? Busca la perfección, no por la nota ni el que dirán, sino por tener la satisfacción de dar lo mejor de ti. La misma indicación vale si trabajas: recuerda que estás contribuyendo a la construcción de un mundo mejor, aunque tal vez no veas sus frutos. Si logras hacer esto, ya habrás adelantado medio camino.
- Cultiva la Vida de Oración: si no es una costumbre tuya la oración frecuente no te aflija por ello, comienza de a poco, la clave está en no detenerse nunca. No te preocupes por tus sentimientos y emociones, que siempre van y vienen, preocúpate por la perseverancia en la Oración, una Virtud difícil de lograr.
- Conságrate a María: intentar alcanzar la santidad sin María es imposible. No olvides nunca tu Rosario diario. ¿Encontrarás 20 minutos en tu día para rezarlo?
- Frecuenta los Sacramentos: además de participar en la Misa dominical y de precepto, procura ir a Misa en cada oportunidad que tengas. La frecuencia de la Eucaristía te llevará a frecuentar la Confesión, porque si comulgas bien querrás recibir al Señor con una mayor y mejor disposición. Y si te confiesas bien (mucho mejor si tienes un confesor fijo) irás trabajando para pulir progresivamente tus defectos. ¡Ojo! No olvides hacer las cosas bien, ejemplo: no llegues tarde a tu lugar de estudio y/o de trabajo por ir a Misa.
- Ofrece algún sacrificio: calma, calma. Si bien esto puede parecer difícil (¡muy difícil!), empieza por algo pequeño, como puede ser no comer entre las cuatro comidas principales, elegir la escalera en vez del ascensor, ver un ratito menos de televisión o escuchar música por menos tiempo. En definitiva, tiene que ser algo que te cueste, pero que sepas que puedes cumplir.
- El Mandamiento del Amor: vive y encarna este hermoso Mandamiento que lo abarca todo. No esperes a ser perfecto para practicarlo, es al revés ¡practícalo y serás perfecto/a!
- Obedece: naturalmente esta indicación puede ser en algunos casos dificilísima (me incluyo). Pero hay muchísimos testimonios y relatos (que oportunamente se verán más adelante) sobre el gran poder santificador de la obediencia.
- Piensa en tu futuro: no me refiero precisamente a soñar cómo será tu futuro ni a que agarres las agendas de los próximos 50 años. Se trata simplemente de pensar cómo te gustaría que te recordaran después de tu muerte, o meditándolo con mayor profundidad, qué quieres mostrarle al Señor cuando estés ante Él.
- Recuerda que Dios siempre te ve: y esto último en ningún modo tiene que ser intimidante (aunque comprendo que pueda serlo). Simplemente recuerda que Dios es testigo de tu Vida, que te entiende y te ama como nadie y que si se lo pides en forma permanente y poniendo de tu parte, Él te llevará a la santidad.

*Propuesta:
Ahora que sabes que todos estamos llamados a la santidad y que sabes cuáles son los medios para alcanzarla ¡a ponerlos en práctica!