Misterio de Amor
Sucede de repente. No importa dónde estás, no importa qué estás haciendo, no importa si estás en Gracia de Dios o en pecado. Dios se hace presente en tu Vida, en un instante que jamás olvidarás. Se vale de cualquier medio: una Persona, una flor, un acontecimiento especial en tu Vida, un cartel y hasta de la tecnología. Un día, a una hora, te sientes llamada.
Un torbellino de sentimientos pasan entonces por tu corazón: inseguridad, miedo, sorpresa, agradecimiento, Amor. En aquel momento de tu Vida sientes con tanta claridad el Amor de Dios por ti que tienes la sensación de ser la única en el mundo. No siempre entiendes bien dónde te llama y a qué te llama: simplemente entiendes que te ama y que te llama.
Tu Vida nunca más será la misma. Ciertamente puedes optar por mirar a un costado, por negar lo que pasó, por hacer de cuenta que nada pasó, y sin embargo ya nada es igual. Las Personas con las que te encuentras, las circunstancias de tu Vida, la recepción de los Sacramentos: todos parecen recordatorios que te envía el Señor de que te ha llamado.
Y hasta que no digas SÍ a su Proyecto, no serás Feliz. NO. No tiene nada que ver con que Dios no respeta tu Libertad, se trata de una cuestión lógica. El hijo pródigo del Evangelio, busca su Felicidad detrás del dinero, del placer y de la satisfacción de todos sus caprichos. Pero descubre que no es Feliz y que no lo será hasta que reconozca y acepte el Amor del Padre.
De eso se trata. Dios no nos llama para imponer su Reino, no llama para tener más seguidores, Dios llama por Amor y para Amar. De eso se trata la Vocación. Es un Proyecto de Amor de Dios para cada uno de nosotros. Es un Plan Amoroso y Especial que Dios tiene para cada uno de nosotros.
Cuando en un principio aceptamos que la Vocación proviene del Amor de Dios, llega el momento de plantearse dónde y cómo. Son inevitables y normales las comparaciones. Nos decimos a nosotros mismos: "Nunca seré como la Madre Teresa", "nunca seré como el Santo Cura de Ars", "nunca seré como Sor Faustina".
No. Dios no nos llama a ser como ellos, no nos llama a ser como un Santo o Santa en particular, aunque los tomemos como Modelos: Dios nos llama a ser nosotros mismos.
Eso es la Vocación. Una llamada a SER, en el pleno sentido de esta palabra. Una invitación a SER FELIZ, sin importar dónde y con qué Personas vivamos. No es acción. Es una convicción que se traduce en acción concreta, que no conoce de límites a la hora de servir.
No nos revisten con la sotana o el hábito de la Santidad: nos proponen un Camino seguro para alcanzarla, con el apoyo de otros hermanos que ya atravesaron una parte de ese Camino, y que estarán ahí para ayudarnos cuando se nos presenten las pruebas.
Porque la Vocación sin Cruz no existe, ya que la Cruz es el signo del cristiano.
Así como la Madre que se entrega a su hijo sufre, no sólo en el momento de dar a luz, sino siempre que ve sufrir a su hijo, así también los que sentimos la llamada a la Vida Consagrada con toda seguridad vamos a sufrir, ya que estamos llamados a la paternidad espiritual, pero no será un sufrimiento masoquista, podremos verlo como un sufrimiento redentor, sin buscarlo pero sin rechazarlo cuando llegue.
La Madre no es Madre de a ratos, no es Madre por diversión, no es Madre cuando le conviene, es Madre SIEMPRE. Así es la Vocación a la Vida Consagrada: es una LLAMADA A SER SIEMPRE DE DIOS. ES UNA LLAMADA A LA SANTIDAD, UN COMPROMISO RADICAL A DAR SIEMPRE LO MEJOR DE NOSOTROS PARA MAYOR GLORIA DE DIOS.
Es una invitación a ser TESTIGOS DEL AMOR DE DIOS en medio de un mundo que a veces no sabe en qué creer, no sabe a quién creer, que vive inmerso en preocupaciones a veces muy graves, que necesita de una base sólida.
La llamada nos dará la Fuerza necesaria para vivir verdaderamente entregados a Dios, más allá de nuestros estados de ánimo, más allá de nuestros pecados, más allá de los sentimientos, más allá de todo.
En definitiva, si sentiste o piensas que estás sintiendo la llamada de Dios, te recomiendo una Vida profunda de Oración, especialmente la recepción de los Sacramentos y que no tengas miedo de descubrir a qué te llama Dios. Ciertamente el Camino no es fácil: ni al principio, ni al medio, ni al final, sin embargo, aunque te lleve mucho tiempo, no lo habrás perdido. Habrás aprendido mucho.
Dios te llama a SER FELIZ, a SER TÚ MISMO, a AMAR COMO ÉL TE AMA.
Ah, y me preguntas ¿qué es la Vocación? Nunca lo comprenderás, porque se trata de un Misterio, y los Misterios no se entienden. Es un Misterio de Amor.
*Propuesta:
La llamada de Dios es tan Única e irrepetible como cada ser humano. Intenta recrear el momento de tu llamada y da rienda libre a todas tus emociones. Luego pregúntate: ¿hace cuánto que recibí la llamada de Dios? ¿Cómo le respondí? ¿Cómo puedo mejorar mi Respuesta?