domingo, 7 de julio de 2019

Uno para Todos

En dos oportunidades te invité a la reflexión sobre la Vocación Maravillosa de las monjas de clausura. Ahora quiero centrarme en la Vocación sublime del sacerdote.
Toma tu Biblia y lee: Lev 16,6.
Esta cita tan sencilla, en apariencia insignificante, esconde una de las principales tareas del sacerdote. Está dada en el contexto de preparación del pueblo de Israel para entrar en la Tierra Prometida, el pueblo aún está peregrinando y Dios da a Moisés numerosas instrucciones sobre cómo deben desenvolverse ante diferentes situaciones.
Esta indicación corresponde a una serie de pasos que el sacerdote debe cumplir al entrar en el Santuario para implorar el Perdón de Dios. Comprende que en aquel tiempo era costumbre sacrificar animales para ofrecerlos a Dios. Cualquier duda en este sentido, pregúntale a un sacerdote de tu confianza.
El Señor señala claramente cuál debe ser la motivación del sacerdote al ofrecer el novillo: reparar por sus pecados y por los de su Familia. Y es precisamente eso lo que hace el sacerdote en cada Santa Misa.
¿Acaso piensas que los curas repiten mecánicamente fórmulas que datan de más de veinte siglos? Te aseguro que no.
En el pasado, mientras el Señor formaba a su pueblo, lo fue guiando progresivamente en Fidelidad, adaptándose a su mentalidad y a sus costumbres. Por esto mismo indics que para los diferentes sacrificios se ofreszcan ciertos animales. En este caso, el novillo servía para expiar los pecados del sacerdote y los de su Familia (si lees el capítulo completo, te darás cuenta que incluye los pecados de todo el pueblo).
La Muerte de Jesús marcó el inicio de un sacrificio perpetuo ¡y perfecto! (del que se pueden escribir millones de libros) por nuestros pecados, por los pecados de toda la humanidad. Es un sacrificio de expiación que no excluye a nadie.
Jesús murió y resucitó una vez, hace más de dos mil años. Pero su Pasión y Muerte se actualiza en cada Santa Misa (de forma incruenta). Cada vez que se celebra una Misa, Jesús vuelve a ofrecerse en reparación por nuestros pecados. Por lo tanto, el sacerdote ya no le ofrece al Padre la sangre de un animal ¡le ofrece a su propio Hijo! ¿Existe una ofrenda más perfecta y santa que esta?
El sacerdote no se limita a repetir una serie de fórmulas, sino que ofrece al Señor el sacrificio de expiación por excelencia, implorando Misericordia para el mundo entero. Esa es su principal tarea.
Y esto que te escribo es sólo una pequeña parte de lo que sucede en cada Santa Misa. Seguramente te preguntarás: ¿por qué si se ofrece un sacrificio tan perfecto no todos somos purificados? Esta purificación depende de la disposición de nuestro corazón. Nadie puede recibir el perdón si no quiere.
Aquí vale una aclaración importantísima: cada Santa Misa a la que asiste con devoción y Amor borra nuestros pecados veniales. Por supuesto que no está demás decirlos en la Confesión sacramental, de hecho es muy recomendable, aunque me parece una buena idea que al asistir a cada Santa Misa nos hagamos el propósito de recibir en nuestro corazón el Perdón que nos concede la Víctima divina.
Si eres hombre y estás pensando en el sacerdocio, tal vez esta reflexión te ayude a dar el paso. Y para las mujeres, creo que puede ayudarnos para mirar con más Amor y Respeto a aquel hombre que, en cada Santa Misa, ofrece el Sacrificio Perfecto por nuestras faltas.

*Propuesta:
                            Ahora que conoces un poco más sobre las funciones que cumplen los Sacerdotes, te invito a ofrecer un Rosario por ellos.