viernes, 12 de octubre de 2018

El Buen Olor

¿A quién no le gustan los perfumes? ¡Principalmente si somos mujeres!
¿Que si me desvío del tema? No. Toma tu Biblia y lee: Gn 8, 21-22.
Permíteme hacer una breve ubicación de contexto: muchos siglos después del pecado original, Dios vio con dolor cómo el mundo estaba corrompido por la violencia ¡ya existente antes de Cristo! y borró a todas las Personas y animales vivientes... a excepción de Noé.
Este personaje del Antiguo Testamento fue el único, junto con su Familia, que se comportó rectamente y amó a Dios con todo su corazón, sin dejar lugar para la maldad, es por eso que Dios lo elige para salvarlo del diluvio, porque permaneció fiel.
Para esto le pide a Noé que construya un arca, en la cual deberán entrar: él, su esposa, sus hijos y sus nueras, junto con una pareja de cada uno de los animales. Cuando estuvieron todos en el arca, Dios envió el diluvio durante cuarenta días y noches. Al pasar este tiempo, las aguas comenzaron a bajar lentamente, hasta que Noé y su Familia pudieron salir del arca. Al salir, Noé ofrece un sacrificio de agradecimiento a Dios por haberlo salvado y protegido, y es aquí donde se enmarca la cita bíblica.
Noé logra, con su sacrificio ofrecido de corazón, consolar y aliviar al Corazón de Dios, al punto de decidirse a renovar su Misericordia para con la nueva humanidad hasta el fin de los tiempos.
Como Noé, todos estamos llamados a ofrecer un sacrificio de corazón a Dios, para obtener, por medio de la Oración, su Misericordia para el mundo entero. No, no es necesario que te flageles ni que duermas sobre clavos: nuestro sacrificio es la Oración.
La Oración toca las fibras más profundas del Corazón de Dios. Y quienes fuimos llamados por Él, más allá de nuestro Carisma y de la Congregación o la Institución que elijamos, tenemos el deber de orar, suplicando especialmente su Misericordia para con toda la Humanidad.
No hace falta ser sociólogo para descubrir la violencia que nos rodea: en mayor o menor medida todos la experimentamos y/o somos testigos de las terribles consecuencias que desencadena. Siendo objetivos: ¿es justo pensar que merecemos un castigo de Dios? Por supuesto que sí. Pero si Dios nos castigara justamente... el mundo y nosotros dejaríamos de existir.
Por eso es tan importante suplicar la Misericordia de Dios para toda la Humanidad, ésta es nuestra Misión más importante.
No sé si alguna vez se podrá escribir lo suficiente sobre la Oración, su importancia y su poder. Ahora me limitaré a hacer algunas observaciones en relación a la Vocación:
. ¿Cómo nos damos cuenta de que somos llamados? Por medio de la Oración. Siendo la misma un diálogo de Amor, al escuchar la Palabra de Dios, si estamos dispuestos a escucharlo, nos veremos interpelados en nuestro diario vivir, y eso irá produciendo frutos de conversión en nuestro corazón.
. ¿Es más importante la acción que la Oración? No. La acción es el fruto de la Oración y no a la inversa. Por eso no hay nada mejor para una Persona Consagrada que dedicar su tiempo a la Oración, con ella obtiene innumerables gracias para sí misma y para el mundo entero.
. ¿Cómo lograr que tengamos sacerdotes y religiosas santos? Orando por ellos. Nuestra Oración los sostiene y los santifica, les otorga las Gracias necesarias para vivir plenamente su Vocación, los consuela en sus pruebas, solo por citar algunos efectos.
. ¿Acción y Oración se complementan? Por supuesto que sí. ¡Ese es todo un desafío! (más adelante veremos ejemplos abundantes sobre esta complementariedad). Dios es Feliz cuando oramos, pero también cuando cumplimos con nuestras obligaciones (desde atender a un enfermo hasta limpiar la mesa).
Nuestra Vocación apunta justamente a hablar a Dios de los hombres, y a los hombres de Dios. No debemos descuidar nuestras obligaciones ni compromisos, se trata de darle a la Oración una prioridad especial.
¿Cuál es la mejor Oración que podemos ofrecer? La Misa... No hay ni habrá Oración más perfecta en este mundo que la Misa porque, para ponerlo de un modo sencillo, Cristo Jesús renueva su Sacrificio Redentor por toda la Humanidad.
Por eso lo expresaba de esta manera el Padre Pío de Pietralcina: "Más fácilmente sobreviviría el mundo sin el sol que sin un día sin la Santa Misa".
La Oración es el perfume que agrada y consuela el Corazón de Dios. Sería lindo que te preguntaras: ¿qué tan intenso es tu perfume?

*Propuesta:
                       Habiendo conocido sólo una mínima parte del Valor de la Oración, te invito a que puedas ofrecerle a Dios mínimamente una hora diaria, en la que le abras tu corazón con Humildad y Sinceridad. Pídele que te haga cada día más santo/santa, pídele perdón por tus pecados y por los pecados de toda la Humanidad, pero principalmente, adóralo, porque Él merece toda nuestra Adoración y Amor, al menos comienza diciéndole: Dios mío, yo te adoro.